Crítica: ¿DEMOCRACIA POPULAR?
Todos conocemos la verdad: todavía existen sistemas dictatoriales en algunos puntos del planeta que reducen los derechos y libertades del individuo; pero la facilidad con la que uno cierra sus ojos al mundo exterior y logra engañarse a sí mismo de la verdadera realidad, hace que la humanidad, o al menos gran parte de ella, olvide esas “excepciones” que no le ha tocado vivir; esas situaciones discriminatorias que en su país, ciudad o pueblo no tienen razón de ser; esas vidas hundidas en la miseria que, por ser ajenas a la suya, parecen perder interés cuando en verdad, debería ser totalmente al revés.
Es impactante adentrarse en algunos de esos mundos que parecen estar muy lejos de nosotros y que, sin embargo, basta dar dos pasos para chocar contra ellos. Adentrémonos en la dictadura Cubana, por ejemplo, y lo veremos con nuestros propios ojos. Hablamos de territorio cubano, sin saber de qué estamos hablando en realidad. Territorio cubano es el lugar donde los policías acechan en cada esquina; donde las familias humildes se amontonan bajo un mismo techo y aguardan inseguras a que un nuevo huracán vuelva a derrumbar sus viviendas; donde la compra-venta de bienes queda exclusivamente en manos del Estado. Territorio cubano es allí donde no puedes salir del país; donde la opinión ciudadana queda restringida bajo la sombra del castigo y la amenaza; es el lugar donde la mentira, la frustración y la prohibición se hacen llamar “democracia popular”.
Solamente oyendo este conjunto de cosas atropelladas unas tras otras, nos damos cuenta de la suerte que tenemos. Cosas tan sencillas y cotidianas en nuestras vidas como resultaría comprar una casa, jugar a la lotería o salir de viaje al extranjero, en lugares como éste (Cuba) desaparecen bajo la prohibición. Decimos que el régimen institucional de Cuba es una democracia popular, pero ¿acaso los cubanos que residen en el archipiélago no son ultrajados por un régimen autocrático que les niega sus derechos universales y gozar de los principios democráticos?
Hay dos cosas que todos debemos saber, aunque posiblemente ya seamos conscientes de ello. La primera es que, actualmente, Cuba es un Estado Socialista presidido por Raúl Castro (Jefe de Estado, Jefe de gobierno, segundo secretario del Partido Comunista de Cuba y comandante en jefe -jefe supremo- de las Fuerzas Armadas). Es decir: una auténtica dictadura disfrazada de democracia, como decía antes. Lo segundo a tener en cuenta es la importancia de El Che Guevara o, simplemente, “El Che”. Él fue uno de los líderes de la Revolución Cubana y tras su muerte se ha convertido en un símbolo de alcance mundial; para sus partidarios simboliza la lucha contra las injusticias sociales o de rebeldía y espíritu incorruptible. Es decir: todo cubano aspira a la revolución que defendió El Che hace medio siglo.
José Luís Chávez nació el 29 de diciembre de 1976 en Media Luna, un pueblecito de la actual provincia Granma (Cuba). Creció en el seno de una familia humilde, de esas que predominan en toda Latinoamérica, y se formó como estudiante y universitario a lo largo de su vida profesional.
No contaré detalles ni haré descripciones exhaustivas sobre cosas que, si es posible decirse así, son semejantes a las nuestras. Pero resaltaré otras que no dejan de sorprenderme. Me contaba que allí en la escuela se estudiaban grados, del primero al duodécimo, y que con tan solo seis añitos de edad ya pertenecía (al igual que lo harán las nuevas generaciones) a una organización estudiantil de masas, la OPJM, que si el lector me permite transcribiré a Organización de Pioneros José Martí. Pionero desde los seis años; uniformado con camisa blanca, pantalón rojo y pañoleta azul; y con media hora de camino por delante cada mañana, así acudía a la escuela, de forma obligatoria, durante los primeros cuatro Grados. El uniforme era el mismo para todos y no variaba a lo largo de los cursos, si bien la pañoleta cambiaba a ser roja en 5º y 6º Grado, pero hasta ese momento se mantenía la vestimenta. Más tarde, al entrar en la secundaria (7º, 8º y 9º Grado), los mayores ya vestían con uniforme azul.
Pero no quiero que el lector imagine un modelo de estudio como el nuestro. Para nada. Si tuviéramos que cantar el himno nacional antes de entrar a la escuela, posiblemente tendríamos que salir de casa cada uno de nosotros cinco minutos antes de lo habitual. Si nos reunieran a todos los estudiantes en un “matutino”, nos organizaran en filas para entrar en el aula y nos lanzaran cualquier noticia novedosa (como un examen próximo) aprovechando la presencia de todos los alumnos, probablemente saldríamos todos con la agenda en mano y ninguno tropezaría por la escalera, como yo he llegado a ver. Si las clases pasaran a ser de 45 minutos y los profesores pudieran ser alumnos más avanzados (como los de bachiller enseñando a los de primaria), si los exámenes se hicieran a nivel nacional… ¡qué extraño se nos haría! Pero esta es para los cubanos su realidad.
Me contaba entre risas que allí los exámenes se puntúan sobre cien y que por cada falta de ortografía, los profesores pueden quitarte medio punto: “Incluso el profesor de matemáticas por no poner la tilde en esta materia que impartía, llegó a quitarme medio punto y como ésta, más valía que no repitieras otras faltas porque podrían llegarte a suspender”.
Después de todo esto, se llega a los estudios preuniversitarios (10º, 11º y 12º Grado), el Bachiller, que a diferencia de aquí, allí dura tres años. José Luís entró en la FEEM (Federación de Estudiantes de Enseñanza Media), otra organización estudiantil obligatoria que no es sino una manipulación de mentes, un lavado de cerebros para controlar la sociedad cubana y que ya desde pequeñitos, como decía, se empieza a recurrir a ello. En este periodo lo que más impacto me causó fue el proceso final, de la escuela a la universidad. Me impactó el hecho de que dos estudiantes con la misma nota y optando por la misma carrera, en caso de quedar una única plaza, la ganaría aquel cuyo apellido estuviera primero alfabéticamente. Para mí, como universitario, no deja de parecerme una enorme injusticia.
El interés que me motiva a escribir sobre la vida cubana no lo abandono, ni mucho menos, en lo que respecta al trayecto de casa a la escuela. Caminando por la calzada uno se da cuenta de que el transporte es extremadamente pésimo, y más vale no adentrarse en provincias interiores escondidas por el archipiélago porque lo encontraríamos más pésimo aún. “Recuerdo vivamente las cuatro horas que tuve que aguardar de pie más de una vez a una ‘gua gua’; 240 minutos de pie para acabar yéndome a pata finalmente hasta donde quería porque no había “boteros” ni “camellos” que pasaran por allí en menos de diez horas”, me decía José Luís.
Los mismos transportes (de hierro, por cierto) impresionan. Existen coches muy antiguos, de época, que aquí en España sólo he llegado a ver en los coleccionables. Los “boteros”, para que el lector me entienda, son y actúan como taxis, pero diferentes a los nuestros. Allí, en unas cuantas manzanas recorridas ya pueden haber montado en un mismo vehículo más de cuatro personas si así lo requieren. Hay otro transporte en cambio que recibe el nombre según su aspecto exterior, es el “camello”,
que actúa como un autobús “a lo bestia”. No exageraré al decir que en Cuba la gente todavía se agarra a las paredes e incluso al techo para poder viajar de un punto a otro; nadie se olvida allí de que desde que parte la última gua-gua hasta la siguiente pueden pasar horas y horas.
Pero ni siquiera el tipo de transporte ni las largas esperas impactan tanto como la propia vida que se desarrolla en la vía urbana. Allí los pasos de peatón, si alguno es visible, no sirven prácticamente para nada, ¡pero si los cubanos cruzan, pasean y caminan por medio de la calzada deteniendo la circulación, asome la llegada próxima de un vehículo o no! Se oyen los cláxones, las voces de los conductores… pero la realidad sigue siendo la misma: una señalización horrible, carriles mal delimitados, semáforos extrañamente dispuestos, coches de los años cuarenta o cincuenta, y en medio de tanto caos, individuos de la sociedad que irrumpen en la carretera de forma habitual y consuetudinaria. Por suerte, la velocidad es algo que se respeta rigurosamente y favorece la escasez de accidentes, porque… ¿quién atrevería a acelerar incontroladamente si una patrulla de policías está vigilando cada esquina, rincón, calle y acera del archipiélago? Es una realidad que impresiona.
José Luís, al igual que la gran mayoría cubana, nunca dispuso de un coche. La compra-venta de bienes pertenece exclusivamente al Estado y únicamente si éste te quiere vender puedes adquirir uno, exceptuando a famosos, deportistas, etc. que como es lógico, no son de los que más abundan en Cuba.
No obstante, hablo de coches como podría hablar de casas. En ese sentido, probablemente Cuba sea el país donde existe una mayor dificultad a la hora de adquirir una vivienda. Una vez más, resalto aquí que todo pertenece al Estado y las viviendas no son una excepción. Si quieres comprarte un piso, será si te lo vende el Estado. “Pero ¿y si yo tengo el dinero para comprarlo...?”, pensará aturdido el lector. No obstante, con dinero o sin él, el Estado sigue siendo el protagonista de todo el sistema de la compra-venta del país. ¿A qué desemboca esta situación crítica? Efectivamente, a la ilegalidad, a la estafa y al soborno, sin olvidar que, al menos en este caso específico, existe una necesidad que hay que cubrirla por cualquier medio.
Normalmente, aquellos que ya disponen de una vivienda y desean venderla, no se la ceden al Estado, ni mucho menos, porque éste último da unas tasaciones de los pisos infravaloradas y lo que en realidad puede costar 240.000€, está siendo valorado por 3000. ¿Quién va a vender al Estado su casa? Nadie. Así funciona el mercado de la vivienda allí; vendiendo los pisos a particulares de forma ilegal para obtener beneficios más altos. Pero, lógicamente, se pague lo que se pague por una vivienda, el Estado continuará teniendo la potestad sobre dicha propiedad y si en un momento dado la requiere, está en su derecho de apoderarse de ella.
Sin embargo, no podemos olvidarnos de que hay gente que carece de los recursos económicos necesarios para comprarse una vivienda por esos medios, y más en un país como Cuba donde los sueldos son extremadamente bajos y la crisis se perpetua. La necesidad de adquirir una casa da lugar a las “microbrigadas”; el Estado selecciona a varios trabajadores que carecen de hogar para que dejen su profesión durante varios años y se metan en la construcción; de esta manera, se alivia la situación de la vivienda. Pero pueden pasar quince, veinte o muchos más años y aquellos trabajadores que se han incorporado a la microbrigada y que han estado construyendo durante ese tiempo pisos y más pisos, continúan sin conseguir una vivienda porque el Estado se los está cediendo a otras personas de mayor categoría o de situaciones más críticas. Son muy pocos los que acceden a formar esas microbrigadas, no sólo por el riesgo de no conseguir una vivienda, sino por el escaso sueldo y el enorme esfuerzo que supone.
¿Cómo sobreviven los cubanos entonces? Formando estructuras familiares extensas de difícil convivencia. Padres, hijos, tíos, sobrinos y nietos conviven bajo un mismo techo y para ampliar la familia, aguardan a la muerte de otros. Sin duda, es un aspecto igual de impactante como cualquier otro.
Pero no acaba el problema ahí, ni mucho menos, porque luego llega un huracán y acaba formando el gran ciclo crítico de la vivienda. De hecho, solamente hay que volver los ojos hacia finales de verano para comprobarlo, y más recientemente el día diez de noviembre. La acción combinada del huracán Gustav e Ike, y posteriormente la del huracán Paloma, ha arrasado prácticamente toda Cuba; los vientos, precipitaciones e inundaciones que dejaron a su paso han convertido este escenario meteorológico en el más devastador en la historia cubana. Tanto el huracán Gustav como el Ike, en sus trayectorias, alcanzaron la categoría 4; mención aparte merece el huracán Paloma que redujo su categoría a 2, pero los tres fenómenos meteorológicos acabaron poniendo alerta a todo el país.
Se evacuaron miles y miles de personas que habitaban en zonas de alto riesgo, así como muchos turistas que permanecían de vacaciones en la isla. Por otra parte, estudiantes de diversas nacionalidades quedaron resguardados del peligro en escuelas de medicina situadas en el municipio de Sandino y, además, muchas embarcaciones de pesca fueron evacuadas en puerto. Por otro lado, también se suspendió el transporte aéreo, marítimo y terrestre. Se observa en estas actuaciones la existencia en el país de una de las mejores organizaciones contra catástrofes naturales que ha sido reconocida por la propia ONU.
Sin embargo, los daños acaecidos se acentúan en gran medida en lo referente a bienes materiales. Después del paso de los huracanes, se cifraba unas pérdidas alrededor de cinco mil millones de dólares. Los árboles fueron aplanados y no les quedó una hoja o una rama. Los ciclones derribaron postes y redes eléctricas, pero, sin lugar a duda, uno de los impactos más letales fue el de la vivienda; los huracanes dañaron techos y fachadas, aunque, en su mayoría, hoy destacan los edificios derrumbados a la totalidad.
De hecho, no hubo territorio alguno que escapara de las amenazas e impactantes consecuencias de estos tres sucesos. Todo el espacio quedó afectado, aunque las zonas más damnificadas se relacionan directamente con las lluvias y vientos más intensos. Las consecuencias de este fenómeno meteorológico van más allá del destrozo de viviendas: ahora, en un país donde la pobreza es notoria, la mayoría de sus habitantes no tiene un techo bajo el que guarnecerse y los escasos restos materiales que se mantienen en pie necesitan un intenso y duradero trabajo de reconstrucción.
Aquí se cierra el ciclo de la construcción de viviendas. Unos luchan y trabajan durante veinte o más años de su vida para obtener un hogar; otros esperan a que un golpe de suerte les llegue y el Estado les ceda un piso; y unos últimos aguardan a que sus familiares fallezcan para ocupar su lugar. Y luego, después de tanto sacrificio, llega un huracán, arrasa con todo y vuelta a empezar.
Entre unas cosas y otras, cubanos como José Luís crecen y maduran en un sistema como éste. Al terminar el Bachiller nadie se olvida de que el servicio militar les espera con los brazos abiertos de forma tan obligatoria como pueda ser la escuela en la infancia. El servicio militar constituye una de las vías fundamentales que permite a los ciudadanos cubanos de ambos sexos cumplir el honroso deber de servir con las armas a la patria.
Teniendo en cuenta los recursos económicos del país y sin olvidar la posibilidad real de enfrentar una agresión militar con la superpotencia mundial EE.UU., Cuba exige a todos los ciudadanos del sexo masculino el cumplimiento del Servicio Militar Activo por el plazo de dos años, exceptuando aquellos que cursen una carrera universitaria, a los cuales se les reduce a un año. Esto, lógicamente, implica que la carrera se atrase durante ese periodo de tiempo que se permanece en la formación militar.
Todo ello se explica porque en Cuba la defensa nacional no puede ser exclusiva de un grupo de personas, sino una tarea de todo el pueblo. Por eso, una de las misiones principales es preparar al ciudadano para cumplir su deber para con la defensa del país desde las filas del Servicio Militar de Reserva, las Milicias de Tropas Territoriales, las Brigadas de Producción y Defensa, o cualquier otra responsabilidad que se le encomiende.
Cuba no puede contar únicamente con soldados profesionales porque la defensa es tarea de todos y cada cubano debe alcanzar la preparación militar requerida; pero, además, el país no dispone de los enormes recursos financieros requeridos para reclutar soldados mediante el estímulo económico.
Por ello, los ciudadanos de ambos sexos que así lo deseen y expresamente lo manifiesten, pueden incorporarse voluntariamente al Servicio Militar Activo cuando reúnan los requisitos establecidos. Aprovechando esa posibilidad, miles de jóvenes se han incorporado al Servicio Militar Voluntario Femenino en los últimos años.
Esta motivación juvenil por formar parte del Servicio Militar se debe en gran medida a que, mediante su participación, se adquiere el derecho a una segunda oportunidad de ingreso en la enseñanza universitaria de los jóvenes que no alcanzaron plazas por el escalafón normal al concluir la enseñanza media.
Así manifestaba su aprobación Fidel Castro en su discurso, el 4 de abril de 1992: “Puedo decir que los soldados más nobles del mundo son nuestros soldados. Lo veo en los compañeros del Ejército Juvenil del Trabajo, lo que hacen esos muchachos; lo veo en las tropas regulares, uno pasa de una impresión extraordinaria a otra.”
José Luís entró en la mili como cualquier otro. Así me contó él algunas de sus experiencias entre risas:
“Me acuerdo de mi primer día como si fuera ayer. Nos habían dado la indumentaria militar y un oficial aguardaba nuestra llegada para darnos una charla. Recuerdo que un compañero empezó a reírse y el oficial le gritó: ¡Firme! Y a continuación le ordenó que ejecutara ¡mil planchas! A partir de entonces todos nos dimos cuenta a lo que nos enfrentábamos, nos dimos cuenta de que una tontería podía costarnos mucho.
Lo mismo ocurría a la hora de comer: nos daban un tiempo límite para hacerlo y más valiera que te lo comieras todo en ese tiempo o ya no volvías a saber más del plato que tenías delante. También las pasabas crudas cuando tenías que hacer la cama a contrarreloj; después pasaba un revisor y hacía rodar una moneda por encima de la sábana y más valía que no se encontrara con ninguna arruga a su paso y la moneda llegara hasta el final porque de lo contrario te podían sancionar.
Lo que nunca olvidaré fue mi primera y única expedición. Marché junto a la compañía con toda mi vestimenta militar; fusil en mano y mochila a mis espaldas. Kilómetros y kilómetros era lo único que nos aguardaba al frente y yo no tenía la experiencia suficiente para resistir… pero lo llevé a duras penas. Sin embargo, allí el ritmo era lo que predeterminaba la marcha y llegó un momento en que yo no podía seguir, mis pies me exigían detenerme. Con el tiempo fue inevitable que me rezagara… la compañía siguió un ritmo que no pude seguir y acabé quedándome completamente solo en medio del pueblo que estábamos atravesando. Continué la marcha como pude, pero la compañía acabó percatándose de que faltaba un cadete y dio media vuelta para buscarme. Cuando me encontraron, estuvieron a punto de sancionarme…”
José Luís acabó la mili a sus diecinueve años y se formó como informático a partir de un grado medio superior. Durante todo este período, sin dejar de pertenecer a la FEEM (la organización de masas de la que ya hablé), pasó a formar parte de la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas). Esta organización ya es de carácter político y se extiende en todos los ámbitos del archipiélago: todos los centros de trabajo, centros de estudios, campos agrícolas, etc. Se puede decir que la UJC es una preparación previa para entrar en el Partido Comunista de Cuba (PCC), reconocido constitucionalmente como el único partido político legal. Para poder pertenecer a la UJC, José Luís, como otros alumnos, fue elegido por sus compañeros de clase y por el profesorado como figura ejemplar del aula; es una elección que se lleva a cabo una vez al año a partir del bachillerato y viene siendo más o menos para que el lector se haga una idea aproximada, lo que aquí en España se hace a la hora de proceder a entregar una matrícula de honor. Las figuras más destacables son elegidas por el centro de estudio y a partir de la aceptación de esos cargos por parte de los alumnos correspondientes, se procede a una serie de investigaciones y comprobaciones que certifican la ejemplaridad del individuo. En el caso de José Luís dio positivo. ¿Qué es lo que se consigue con ello? “Más trabajo, más tareas, misiones y responsabilidad”, me afirmó él estando a mi lado-, “no logré ninguna ventaja, sólo sacrificio por mi parte, y lo peor es que una vez entras, te hacen la vida imposible para que no salgas y tengas que seguir tu trayectoria en la UJC hasta convertirte en miembro del partido. ¿El motivo? En Cuba a la mínima sospechan de ti y comienzan a investigarte y a cuestionarte; querer salir de la UJC para ellos implica radicalidad en la ideología de sus miembros”.
José Luís pasó aproximadamente diez años en la UJC. Todo este periodo de tiempo también abarcó su formación militar, su carrera profesional de informática y parte de su vida laboral. Llegó a convertirse en secretario general de un comité de bases de la UJC y asumió el cargo hasta sus treinta años, cuando pasó a formar parte del PCC. “El proceso para entrar en el PCC es el mismo que el que procede la entrada a la UJC, pero quizás más riguroso, con más investigaciones”.
He hablado muy por encima de las nuevas responsabilidades que supone la entrada tanto a la UJC como al partido, pero me gustaría ejemplificarlas a partir de una de las muchas experiencias vividas por José Luís:
“Recuerdo que acababa de trabajar mis ocho horas, ya siendo miembro del PCC, y me `obligaron´ a hacer guardia durante seis horas más en la sede del comité municipal; si me oponía, podía ganarme una sanción, así que no me quedó más remedio. Me mosqueé porque llevaba más de diez horas sin comer nada. Intenté explicarle mi situación al oficial de guardia del edificio, pero se negó a que dejara mi puesto sin vigilancia. Lo consideré injusto, pero no conseguí que el hombre entrara en razón, así que cogí mis cosas y me marché sin más, pasadas las diez de la noche.
Al día siguiente, al llegar al trabajo me llamó el secretario del PCC de la empresa a primera hora y comenzaron a cuestionar mi actitud. Incluso días más tarde, se volvió a analizar la situación y estuvieron a punto de sancionarme, pero yo me negué rotundamente: “No me voy a dejar sancionar y si hace falta iremos a todas las instancias necesarias para reclamar y discutir el tema, les dije. Por suerte, acabé librándome de aquella y como es de suponer, ya nunca volví a hacer ninguna guardia en mi vida”.
Lo que más me sorprendió fue cuando le pregunté a José Luís si cobraba por estar dentro del partido y él sonrió antes de contestarme: “No me pagaban absolutamente ni un peso, era yo el que tenía que pagar por pertenecer al PCC”. Por un momento vacilé. No me dejaba de impactar cada vez más el funcionamiento de la vida allí.
Mención aparte merece el sistema monetario cubano. Si bien he hablado de los sueldos extremadamente bajos que se ofrecen a la población, olvidé mencionar que allí se habla de pesos cubanos en lugar de euros. Pero la crítica y la polémica se cierne más allá de todo eso.
Para que el lector entienda la situación y tome partido a favor o en contra de ello, lo primero que debe de saber es que hay dos tipos de monedas que circulan por Cuba después de la crisis económica de los años 90. Los cubanos cobran y viven con los ya mencionados “Pesos cubanos” y los extranjeros que visitan el país lo hacen con “Cucs” (1 Cuc es esquivalente a 1€). ¿Dónde empieza la crítica y elproblema? Comienza nada más decir que los Pesos cubanos están infravalorados (1 Cuc son 25 pesos) y que para acceder a muchísimos servicios, un cubano necesita acudir a tiendas donde solo se vende en Cucs. Esto implica que la población se vea en muchos casos obligada a cambiar los pesos que ha ganado por la otra moneda, pero al estar infravalorados, si uno ha ganado 500 pesos a fin de mes, resulta que en realidad se ve con 25 Cucs en la mano, y con esa cifra de dinero no te llega ni para comprarte un par de zapatillas decente.
¿Cómo se soluciona todo esto? En primer lugar, uno se ve obligado a consumir lo que le cede el Estado a través de bodegas especializadas en Pesos. En este sentido, cada familia cubana tiene una libreta de abestecimiento con toda una serie de alimentos básicos (arroz, frijoles, azúcar, aceite, sal...), y las cantidades correspondientes que le ofrece el Estado a precio más económico. Sin embargo, es de entender que estas cantidades son mínimas, las justas; a lo mejor el Estado te está ofreciendo tres kilos de arroz a precio menor para todo el mes, pero tú consumes seis kilos (es de tener en cuenta que allí el arroz se consume como aquí el pan). En este sentido, el Estado no satisface las necesidades del pueblo y por añadidura, los productos son de menor calidad. Para conseguir más cantidad de un determinado alimento, si bien puedes acudir a los mercados agropecuarios donde los productos ya adquieren un precio mayor, o bien se recurre una vez más, como en la mayoría de casos, a la ilegalidad, a la Bolsa Negra, al Mercado Negro.
Sin embargo, el problema se acentúa con algunos artículos, objetos que resultan de primera necesidad como cualquier otro, como pueda ser todo tipo de ropa, elementos de aseo personal (peine, jabón, perfume), la leche... cosas que un cubano únicamente puede encontrar en tiendas que venden en Cucs y por tanto, totalmente lejos de su alcance económicamente. En estos casos, el Mercado Negro no resulta rentable, porque se venden casi por el mismo precio y a menor calidad, más pasado de moda en el caso de la vestimenta, etc., etc., etc.
La conclusión que extraigo yo, personalmente, de todo esto es que el Estado protege muchísimo más a los extranjeros que a los propios ciudadanos, algo que se puede ver en otras muchas actuaciones a parte de esta. Es una completa injusticia que un cubano a fin de mes con 500 pesos en mano (siendo ésta una cifra ya bastante alta para un ciudadano del archipiélago) no tenga acceso a una chaqueta en condiciones, a un par de zapatillas a la última moda o a una caja de leche como la nuestra que no sea leche en polvo como la que ofrece el Estado allí. Es una injusticia que el sueldo de todo un mes de trabajo únicamente te dé para la supervivencia más mínima que uno se pueda imaginar.
Como andaba diciendo antes, José Luís entró en el partido asumiendo enormes responsabilidades, deberes y obligaciones, y todo ello sin cobrar absolutamente nada. Por suerte para él, un hecho le cambió la vida para siempre. José Luís apenas permaneció un año dentro del partido. De hecho, con treinta y un años salió de Cuba y hoy permanece viviendo en España. En su caso, salir del partido no fue a causa de las muchas presiones y obligaciones que como estamos viendo sufre un cubano como miembro del PCC, sino por esa necesidad de salir del país. Así me contó su historia:
“Conocí a una mujer española por Internet que tenía parientes en Cuba y quería buscar información sobre ellos. Ella viajó a Cuba con esa intención y así nos fuimos conociendo. Con el tiempo y la comunicación que mantuvimos acabamos enamorándonos y entonces pensé en la posibilidad que tenía de estar con ella en España.
Pero salir de Cuba es un problema. Tú, como ciudadano cubano, no puedes decir que te vas de vacaciones quince días a Francia, a Portugal ni a ningún otro país, e incluso resulta complicado moverse por el mismo archipiélago. Ni siquiera lo puedes pensar porque el salario que recibe un trabajador allí no da para ese tipo de ocio. Y aunque el salario te lo permita, tampoco puedes viajar porque existen otras regulaciones; por ejemplo, para que un cubano pueda ir pongamos a Japón, necesita obligatoriamente que alguien de aquel país le haga una carta de invitación y demás trámites migratorios que amplían los costes y demoran el viaje.
Yo como cubano nunca pensé en salir del país a no ser que el gobierno a través del trabajo me facilitara alguna beca, pero jamás con la idea de no regresar. Salir de Cuba no fue nada fácil, tuve que pasar por muchos procesos. Lo primero que hice fue hacerme el pasaporte. Después busqué algún trabajo en España, dado que existe la posibilidad de que te contraten desde el extranjero, con la intención de poder entrar al país posteriormente, pero la crisis económica por la que pasaba y sigue pasando el estado español reducía mucho las ofertas de trabajo para los inmigrantes, así que no logré nada en ese aspecto.
La única posibilidad que tenía es que viniera a Cuba la mujer que había conocido y firmásemos los papeles para estar juntos. En ese sentido, Cuba exige casarse para poder salir del país. Fuimos a la embajada y comenzaron los trámites que duraron aproximadamente un mes y medio, después de toda una serie de investigaciones por su parte. Conseguimos que nos entrevistara el cónsul por separado y nos sometió a todo tipo de preguntas para comprobar la veracidad de las respuestas. Finalmente, y con mucha suerte a mi parecer, el cónsul nos dio su aprobación de matrimonio, cosa que de haber negado habríamos perdido tiempo y mucho dinero.
Volvimos a la embajada muy temprano con el pasaporte, con la aprobación del cónsul y otra multitud de papeles. Allí conseguimos el visado también con mucho esfuerzo por nuestra parte. Después acudí a Inmigración con el pasaporte, con la aprobación del cónsul, el visado y una carta oficial que certificaba que todo estaba en orden, que yo no debía dinero al estado, etc. Y luché para que me autorizaran la salida del país. Allí ellos te pueden agilizar o demorar el proceso… en nuestro caso fue bastante rápido. Me lo aprobaron.
A pesar de todo, hasta el último día encontré objeciones para salir de Cuba. Todos mis compañeros me apoyaron, pero algunos superiores del partido se negaban a aceptar mi salida y amenazaban con sancionarme. Yo me negué rotundamente y afirmé que no estaba cometiendo ningún delito y que tampoco había renunciado a los principios de la revolución. Lo único que quería era estar con mi mujer y si aquel superior me sancionaba, entonces él también tenía que renunciar a su mujer por la misma regla de tres.”
Atrevimiento o no, lo cierto es que José Luís consiguió salir de Cuba hace apenas un mes. No obstante, quizás me haya centrado demasiado en los asuntos más impactantes en el sentido negativo y haya dejado atrás otros aspectos que frente a esa realidad cubana de la que hemos hablado hasta ahora, cabría resaltar por la misma admiración que produce. Sería un apartado aparte, si me permite el lector decirlo así, que engloba las cosas buenas de esta dictadura democrática latinoamericana. Y sin ir más lejos, ¿qué hay de las hermosas playas, la incesante música y el ambiente caribeño?
Cuba, alargada y estrecha y con sus más de cuatro mil cayos e islotes, ostenta una flora y fauna submarina de excepcional diversidad. Estos islotes, prácticamente rodeados por extensas formaciones coralinas, ofrecen una ventaja de especial interés para los amantes del buceo dado que permiten una visibilidad media horizontal de más de 30 metros en sus aguas transparentes, cálidas, apacibles y libres de contaminación.
Como efecto de su ancha plataforma submarina, relativamente poco profunda, y su situación en el límite de la zona tropical, hacen que la temperatura del agua oscile entre 24 y 28,5 ºC en cualquier época del año. Sus aguas resultan pues idóneas para el más placentero descanso en cualesquiera de sus jardines coralinos, colmados de cuevas, paredes verticales, túneles, acantilados, canalizos, y otros considerables atractivos.
Extensas y amplias franjas blancas; fina textura; suaves declives; arenas negras y otras que no se calientan por fuerte que sea la incidencia del sol sobre ellas; grandes piscinas naturales... todos los tipos de playas del Caribe están representados en las más de 300 existentes en el país constituyendo su mayor atractivo turístico, así como la razón principal por la que millones de personas han viajado al archipiélago durante décadas. Todo esto lo vemos ejemplificado con lugares como Guardalavaca, Cayo Coco, Cayo Largo… pero, sin duda, Varadero (Matanzas) es la cúspide de todas ellas.
“Varadero es uno de los mayores centros turísticos, allí hay montones de hoteles, discotecas, centros comerciales… acuden famosos, cantantes…”, me contaba José Luís-, constituye una de las mejores playas del mundo”.
Y luego está el asunto de la música, sin olvidar que muchos cubanos viven en la miseria y todos ellos bajo una rígida dictadura, uno se sorprende al ver que allí la música surge de cualquier rincón. La historia de la música cubana es un vasto, intrigante, dinámico, fascinante, sugestivo, excitante y a menudo avasallador fresco. De sus orígenes al reconocimiento universal de que goza hoy en día, la música cubana ha crecido en estatura y sus aspectos folklóricos y populares han influenciado progresivamente el modo de hacer música de otras culturas.
Si se toma en cuenta las dimensiones físicas de Cuba y la cantidad de sus habitantes, contando todos los que están dentro y fuera de la isla, el número de compositores, instrumentistas, cantantes y conjuntos musicales que ha producido Cuba es realmente notable. Es de esperar que la intensidad y la expresividad de la música cubana y el prestigio mundial de que goza continúen creciendo en años venideros. Basta señalar que, en el presente, la música de Cuba, en todas sus manifestaciones, constituye una poderosa revelación de la originalidad de la cultura cubana.
Pero la gran riqueza cultural de la que hablo no abarca solo la música, va más allá. Que haya sido Cuba la gestora y tutora todo este tiempo de una iniciativa que en primera instancia defiende la pluralidad cultural del continente no es una casualidad. La insistencia del Estado Cubano en el desarrollo artístico de la Isla, la impronta del cine cubano y el apoyo de la Revolución a los movimientos sociales del Bravo a la Patagonia así lo legitiman.
Sin ir más lejos, un perfecto ejemplo de ello es el tan esperado Festival del Nuevo Cine que se celebra del 2 al 14 de diciembre de este mismo año. La Habana vuelve sus ojos a las películas: el nuevo cine latinoamericano celebrará su festival en la capital cubana, que se ha realizado por 29 años consecutivos, con los más recientes estrenos de la cinematografía del continente, así como algunas de las películas más destacadas en el panorama internacional.
Más de un centenar de cintas de 14 países se proyectarán en las diferentes áreas del Festival que homenajeará además a Viña del Mar, que cumple 40 años y es considerado uno de los precursores de este tipo de encuentros. Los invitados especiales serán el mexicano Gael García Bernal, el argentino Fito Páez y el español Javier Bardem.
Competirán 20 películas en el apartado de largometrajes de ficción, 22 en corto o mediometrajes, 24 en operas primas, 27 en el certamen de animados y 28 en documentales. De todos los países, Brasil es el más representado en la competencia. En cualquier caso, el festival cumple este año sus tres décadas de vida, lo que lo convierte en uno de los más longevos del mundo y en pionero de otros que se realizan en el continente, después de Hollywood.
En definitivas cuentas, parece increíble que un país tan bello, con tanta riqueza cultural, tanta diversidad natural, en el que los ciudadanos conviven con armonía y felicidad y ven los problemas con otros ojos diferentes a los nuestros, haya acabado disfrazándose de esta dictadura democrática de la que hemos hablado muy por encima. Pero a pesar de todo, lo más curioso, y con esto finalizo, es que todo lo que he descrito no deja de ser el punto de vista de un extranjero que para nada coincide con el de un ciudadano cubano. “Cuba es una isla maravillosa, me aseguró José Luís-, no todo es tan malo como parece... lo único es que el sistema cubano es un sistema que se ha quedado bloqueado en el tiempo, pero allí la gente va a las fiestas, saluda por la calle, todos se conocen... es un mundo diferente al de aquí”.
Con la ocupación norte americana, Estados Unidos trató de convertir a Cuba, en especial a la capital cubana, “La Habana”, en burdel del Caribe, lo que se derrumbó el 1 de enero de 1959 con el triunfo de la revolución cubana, encabezada por Fidel Castro. Las fuerzas sanas se impusieron en un régimen que liberó la población de trabas por concepto de raza, género y procedencia. Los mafiosos marcharon; las máquinas de juego dejaron de girar; las escuelas y universidades existentes se pintaron de negro, blanco y mestizo, y además se multiplicaron; la salud erigió en derecho y otro talante asumió la ciudad eterna. Esa es su historia más reciente.
“Cuba es una isla donde la población a pesar de la difícil situación en la que vive no mata la alegría y la hospitalidad. A lo largo de todo el año, en los diferentes pueblos y ciudades se realizan montones de carnavales, momentos de diversión en conciertos, además de otros eventos o festivales de gran importancia como lo es el Festival de Cine. No me olvido de cual es la realidad política que se vive allí, afirmó José Luís, pero se seguirá luchando por la revolución que protagonizó el Che porque Cuba continúa siendo la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto.
